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SANGARCÍA - Historia

Fundada a mediados del siglo XI cuando el rey Fernando I de Castilla llevó la repoblación por tierras de Segovia hasta Ávila. Repoblación a base de "Comunidades de Aldea", donde un grupo de campesinos repuebla esta zona de la campiña segoviana y llaman a su localidad recién creada Sant García, Sangarcía, en honor al Santo de su devoción Santo García, Abad benedictino burgalés del Monasterio de Arlanza y Consejero del rey Fernando I, integrándose dicha población en la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia dentro del sexmo de la Trinidad.

Según indican Miguel Ángel Chaves y Luis Miguel Hernández en su libro “Sangarcía. Patrimonio Arquitectónico”, el primer dato sobre este pueblo se remonta a 1168. Ese año, Sangarcía figura como una aldea vinculada a Párraces, abadía fundada con anterioridad. “Desde entonces, la relación del pueblo con la abadía será una constante en la historia de ambos”, afirman los investigadores”, que entienden que el nacimiento de Sangarcía se produjo a consecuencia del establecimiento en este lugar de renteros que trabajarían los campos propiedad de la abadía.

A comienzos del siglo XVI, el crecimiento de algunas localidades cercanas a la abadía, unido a los múltiples trastornos e inconvenientes que suponían para los habitantes de las mismas los frecuentes desplazamientos a Párraces, provocó que comenzaran a autorizarse misas, bautizos y entierros en los propios pueblos, iniciándose así la construcción de iglesias en cada uno de ellos. Entre los más tardíos estuvo Sangarcía, donde comenzó a levantarse la iglesia de San Bartolomé a finales del siglo XVII.

El momento de máximo esplendor de Sangarcía se produce en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando sus vecinos se convirtieron en arrieros, transportando grano a Madrid desde Tierra de Campos y Arévalo. Así, en 1751, casi un tercio de la población se dedicaba a la arriería, un oficio que daría después paso a la de comerciantes de grano y almacenistas.

Este hecho hace que la localidad “evolucione hacia cierta complejidad socio-profesional, facilitada por los importantes flujos de renta que se estaban generando”, señalando los autores del libro antedicho. No es extraño, por tanto, que aparezcan nuevas actividades, y que se experimente un auge en lo relacionado con la construcción, siendo este el momento de mayor desarrollo arquitectónico del pueblo, como todavía hoy se comprueba paseando por sus calles.

En el siglo XIX se produce la decadencia de Sangarcía, cuya prosperidad termina con la aparición del ferrocarril. El final de la arriería da el relevo a la agricultura y, en menor medida, a la ganadería, entrando Sangarcía en el siglo XX “en las mismas condiciones de precariedad y crisis que el resto de la provincia de Segovia”, apuntan Chaves y Hernández.

Como herencia de su pasado más glorioso queda en Sangarcía una larga colección de suntuosos edificios civiles y una iglesia, San Bartolomé, que recientemente ha sido declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León, y en cuyo interior aparece una interesante colección de retablos barrocos, del siglo XVIII. A pesar de que la tendencia poblacional es a la baja, Sangarcía sigue siendo hoy uno de los núcleos grandes de la comarca y presta numerosos servicios. En cuanto a fiestas, las más renombradas son las de San Bartolomé, en agosto, durante las cuales se celebran unos tradicionales encierros, de los que se tiene constancia desde principios del siglo XVIII.


 
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