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La fiesta es una celebración de júbilo colectivo que, bajo la advocación de una virgen o de un patrón convoca cada año a los habitantes de un pueblo. De este modo los habitantes de los pueblos se encuentran a sí mismos. Porque todos los pueblos cuentan con una comunidad dispersa que acude cada año al reclamo de la fiesta. Reboladas, danzas, bailes nocturnos, peñas y limonadas son algunas de sus constantes.

La provincia de Segovia abre el año con dos fiestas maravillosas: la de los Quintos de Otero de Hereros, correr las cintas, que coincide con el día de Reyes y el día 20, la de San Sebastián, en Navafría; ambas están muy ritualizadas, con mucho colorido y son dignas de una visita pormenorizada.

Pero la fiesta más popular del invierno segoviano es Santa Águeda, que celebran las mujeres de muchos pueblos y barrios de la capital, especialmente en San Lorenzo; adquiere un relieve destacadísimo en Zamarramala, donde la mujer toma simbólicamente por un día el bastón de mando, hay tremolar de banderas, quema del pelele, reparto de tajada de chorizo y bailes populares y, por supuesto, muchas mujeres engalanadas con el traje típico.

Mayo y junio es el mes de las romerías. El campo se encuentra lujurioso y las ermitas, que se alzan en lugares estratégicos, realzan el atractivo del paisaje. La Virgen del Bustar, en Carbonero, la del Pinar, en Cantalejo, la de Rodelga, en Mozoncillo, la de Hornuez, en Moral, la de Salcedón, en Lastras de Cuellar, El Padre Eterno en Estebanvela... son tan sólo algunas de las citas en las que no faltan danzas de paloteos, subastas de andas, música popular y canto de la salve.
Por San Juan y San Pedro las fiestas de la capital con hogueras, bailes populares, actuaciones y desfiles de gigantes y cabezudos y corridas de toros.

En agosto y septiembre se celebran la mayoría de las fiestas patronales de los pueblos. La provincia arde de júbilo. El primer domingo de agosto se celebra la Romería del puerto de Malangosto en homenaje al Arcipreste de Hita, con representaciones teatrales. Es la más alta de Europa, a 2.000 metros de altura. Además, en muchos pueblos se programan encierro de vaquillas, corridas de toros, partidos de pelota, comidas comunales y bailes hasta la madrugada. Hay que destacar las fiestas del barrio de San Lorenzo en la capital, el día 10 por su capacidad de convocatoria y su espíritu participativo. El día 25, San Luis, en La Granja de San Ildefonso, tiene lugar la gran judiada con 8.000 comensales, y el último domingo de agosto los bullangueros y emocionantes encierros de Cuéllar, acaso la fiesta más popular de la provincia. Coincidiendo con las de Cuéllar se celebran también las de Sepúlveda.

El 7 de septiembre, Santa María la Real de Nieva celebra las fiestas de los Cirios en honor de Ntra. Sra. de la Soterraña que da nombre a tantas mujeres de la comarca. Y el tercer sábado, en El Espinar, la fiesta del Teo, baile con hoguera en la plaza de la Corredera que se prolonga hasta la madrugada cuando se acude a buscar al Cristo del Caloco a su ermita.

El 25 de octubre, en plena otoñada, Segovia celebra a su patrón, San Frutos:
“Viva San Frutos bendito,
el de la bellida barba,
anacoreta templado
y ecologista de fama.”


Y lo hace en dos marcos diferentes. Por un lado, a las doce de la noche del día 24, se teatraliza ante la puerta de la catedral el “pase de la página” del libro; sigue después la degustación masiva de las sopas de ajo que preparan los cocineros bajo los soportales del Ayuntamiento. Al día siguiente, tras la misa, en la catedral, se canta el célebre villancico: “Al siervo bueno y fiel/ que rogando sin cesar/ consigue bienes eternos/ de la infinita bondad.”. Tras el villancico se lee el romance del santo milagrero en la plaza Mayor.

En paralelo, en el priorato de las hoces del Duratón, se celebra una de las romerías más animadas en un paisaje de ensueño.
 
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